De origen pagano, ya se celebraban en Egipto 3000 años AC, los cumpleaños son una celebración asociada a la agricultura, por lo tanto a la civilización.

Las primeras culturas agrícolas desarrollaron enormemente la astrología, para los egipcios y las culturas de Mesopotamia era fundamental el poder predecir la época de lluvias, la crecida de los ríos, y crearon sofisticados calendarios basados en los astros
El Cristianismo acabó con aquella costumbre totalmente hasta el siglo XII, en el que en toda Europa se comenzaron a registrar los nacimientos en las parroquias y se volvió a celebrar el cumpleaños, ahora ya no solo el de los varones o cabezas de familia, sino el de todos. Las familias observaban tales fechas con celebraciones anuales. Aquí también se usaba un pastel con velas, pero esta era para proteger al homenajeado de los espíritus del averno.

Paralelamente buscaron la relación entre los astros y los seres humanos y elaboraron complejos sistemas de predicción del futuro a través de los astros y de la fecha de nacimiento de un individuo.
En el Egipto faraónico alrededor de 3000 A. C., los Faraones celebraban grandiosas fiestas en palacio en las que tomaban parte todo el mundo; hombres y mujeres libres, sirvientes y esclavos, se ponía en libertad algún preso de las cárceles del faraón y se cerraban ese día todos los negocios La antigua Grecia adopto esa celebración egipcia y celebraban el cumpleaños del cabeza de familia, incorporando un pastel especial a base de harina y miel.
Este pastel provenía del culto a Artemisa y era redondo como la Luna, en el que encendían velas de cera, su luz representaba la del astro, cuya llama se encargaba ella misma de apagar a través de un soplo de aire que descendía de una especie de ventanuco situado en la parte alta del templo.
Los griegos eran muy dados a los clubs y crearon unos de cumpleaños, los cuales eran exclusivamente de hombres que compartían sus cumpleaños.

Esta tradición pasó al imperio romano por medio de los griegos.
El Cristianismo acabó con aquella costumbre totalmente hasta el siglo XII, en el que en toda Europa se comenzaron a registrar los nacimientos en las parroquias y se volvió a celebrar el cumpleaños, ahora ya no solo el de los varones o cabezas de familia, sino el de todos. Las familias observaban tales fechas con celebraciones anuales. Aquí también se usaba un pastel con velas, pero esta era para proteger al homenajeado de los espíritus del averno.
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Manuel Lara, escritor apasionado de la historia. Es Diplomado en Mitología por la Universidad de Harvard en Edx, donde estudió con Gregory Nagy y la de Pensilvania en Coursera donde estudió con Peter Struck. También es diplomado en Historia por la Universidad Hebrea de Jerusalen donde estudio con el Dr Harari.
Ha escrito libros de novela histórica como Las laderas del Parnés o La morada de Tántalo, ensayos como Camino de Maratón, La última década o Cuentos cavernícolas.