Bruj invocó a los espíritus, debían estar enojados con la tribu y por eso las cosas estaban cambiando. El caudal de los ríos era enorme, el mar se había adentrado varios kilómetros en la costa y el clima era caluroso, las grandes manadas se estaban marchando poco a poco hacia el norte.
El jefe Gu y Bruj tenían constantes altercados, Gu era partidario de seguir a las grandes manadas hacia el norte mientras Bruj esperaba una señal de los espíritus sobre el destino de la tribu, la señal no llegó en esa invocación.

Decidieron adelantar el calendario y dirigirse a las cuevas del norte, una vez allí, decidirían si continuar hacia el norte y abandonar las rutas que durante milenios habían usado sus antepasados o aguantar otro año más en su ruta tradicional.
Era una situación que perturbaba a la tribu, durante cientos de generaciones habían hecho exactamente lo mismo, recorrer su ruta tras las manadas, en invierno iban a las cuevas del sur tras las manadas huyendo del frío y en verano pues lo mismo pero hacia las cuevas del norte.
Durante el camino hacia el norte, las mujeres de la tribu se dedicaban a recoger todo tipo de frutos silvestres y cuando llegaban a sus tradicionales puntos de acampada, los cazadores salían en busca de sus jugosos trofeos. Gu gu, durante una partida de reconocimiento, se comió varias bayas , era una zona con bastantes frutos silvestres, más al norte sólo había árboles frutales y decidió guardar algunas para comérselas cuando estas escasearan, en el norte, la expedición fue un fracaso, no vieron ningún rastro reciente de ninguna manada, aun así, cazaron algunos pequeños mamíferos.
Una semana después llegaron a las cuevas del norte, allí decidieron seguir hacia el norte en busca de las grandes manadas, todos estaban asustados ante el futuro incierto y Gu Gu decidió invocar el espíritu de los Gu Gu para que le diera una señal, busco un árbol próximo y tallo en su tronco el talismán de los Gu Gu, luego como ofrenda a los espíritus les ofreció las bayas recogidas en el sur, era un valioso presente pues en esa zona no había bayas, las enterró junto al árbol y se fue a la cueva con el resto de la tribu.
Al día siguiente se disponían a iniciar su viaje hacia el norte cuando los exploradores volvieron sobresaltados, una gran manada de renos viajaba hacia el sur, ya no tendrían que viajar hacia el norte, Gu Gu se prometió hacer una nueva ofrenda el año siguiente en el mismo árbol a los espíritus de sus antepasados.
Pasó un año y la situación era igual que la del año anterior, pero esta vez Bruj impuso su criterio y ni se plantearon viajar fuera de la ruta. Gu Gu se dispuso a cumplir su promesa, nada más llegar a las cuevas del norte fue a buscar su árbol sagrado y para su sorpresa estaba rodeado de matas con bayas, era increíble pero si en la zona no las había
– el espíritu de los Gu gu me está hablando, ahora debo escucharlos- reflexionó largo tiempo – la ofrenda al espíritu, las bayas, enterré el fruto en la tierra , fruto y tierra,¡ no puede ser!, se levantó rápidamente y recogió gran cantidad de fruta de los arboles, la transportó a las cuevas del sur, zona de frutos silvestres y las enterró en la madre tierra, al año siguiente, al volver a las cuevas del sur comprobó que estaban creciendo árboles frutales justo donde había enterrado la fruta,- este año no viajaré al norte- pensó Gu Gu.
Gracias a Gu Gu el hombre descubrió la agricultura y gracias a ello dejo de ser nómada y creo poblados dando lugar a la civilización.

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Manuel Lara, escritor apasionado de la historia. Es Diplomado en Mitología por la Universidad de Harvard en Edx, donde estudió con Gregory Nagy y la de Pensilvania en Coursera donde estudió con Peter Struck. También es diplomado en Historia por la Universidad Hebrea de Jerusalen donde estudio con el Dr Harari.
Ha escrito libros de novela histórica como Las laderas del Parnés o La morada de Tántalo, ensayos como Camino de Maratón, La última década o Cuentos cavernícolas.