Tradición milenaria unida a la agricultura que trataba de congraciar al hombre con los dioses, Se celebra el 21 de junio y tiene un caracter mágico festivo en todo el mundo

Hace 150.000 años a. C. apareció nuestra especie con una nueva arma que la diferenciaba del resto de las especies del planeta y por supuesto del resto las especies humanas anteriores, la imaginación.
Esta nueva arma le permitió resolver su primer gran reto, la búsqueda de agua durante un periodo de sequía de cientos de miles de años, pero tuvo efectos secundarios,el hombre dejó de percibir su entorno tal y como lo mostraban sus sentidos, un entorno que veían el resto de los seres de este planeta y que vieron sus antecesores humanos, el nuevo ser humano, nosotros, veía la realidad a través de nuestra imaginación.

Nosotros no sólo creemos en lo que vemos, como el resto de los seres, creemos en cosas inteligibles, elaboramos un complejo sistema de creencias para dar explicación a fenómenos incomprensibles, inventamos la religión, la religión se pudo considerar un “daño colateral” de ese nuevo arma, la imaginación.

Hace unos 10000 años a. C. un nuevo cambio climático puso de nuevo a prueba nuestra imaginación, finalizó la última glaciación y de nuevo nuestra especie tuvo que responder ante una exigencia natural, la respuesta fue el descubrimiento de la agricultura hacia 8000 a. C.

La nueva fuente de suministro de alimento cambió completamente la forma de vida de nuestros antepasados, cambió su forma de vivir y cambió también sus creencias, los ciclos agrícolas dominaban ahora la vida del hombre.

El solsticio de verano, el 21 de junio, se enmarca en esta coyuntura. Cultura agrícola y ritos religiosos, ambos frutos de nuestra imaginación.

Los griegos celebraban el solsticio de verano con las fiestas a Apolo y encendían grandes hogueras de carácter purificador.

Los romanos dedicaban esta fecha a Minerva y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las hogueras.

Los pueblos celtas de Europa celebraban a finales de mayo el Beltaine, durante estas fiestas se encendía unas hogueras y los jóvenes las saltaban con pértigas, luego los druidas purificaban su ganado haciendo pasar por las llamas purificadoras, Sacrificando bestias para implorar la protección de los dioses.

Naturalmente y como de costumbre, el cristianismo le dio a esta milenaria celebración una apariencia cristiana.
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Manuel Lara, escritor apasionado de la historia. Es Diplomado en Mitología por la Universidad de Harvard en Edx, donde estudió con Gregory Nagy y la de Pensilvania en Coursera donde estudió con Peter Struck. También es diplomado en Historia por la Universidad Hebrea de Jerusalen donde estudio con el Dr Harari.
Ha escrito libros de novela histórica como Las laderas del Parnés o La morada de Tántalo, ensayos como Camino de Maratón, La última década o Cuentos cavernícolas.