Era uno de esos días en los que Brujson decía que llovería “fuego del cielo”, era uno de esos días en el que el gran espíritu manifestaría su enojo con la tribu, era uno de esos días en los que no se podía salir a cazar. Pero había que salir, casi no tenían comida y las últimas partidas de caza no fueron muy rentables, el jefe Guson decidió salir a pesar de la negativa de Brujson.
Todo marchaba sobre ruedas a pesar de los negros augurios, se había localizado una enorme manada de renos y rápidamente los cazadores se colocaron contra el viento mientras Guson observaba la manada ideando el plan de acción.
Guguson, por su parte, se acercó reptando a la manada, encontró algunas plantas aromáticas, —insuficientes para todos— pensó y se embadurnó todo el cuerpo con ellas, continuó reptando unos metros en dirección a la manada y encontró lo que buscaba, muchas plantas aromáticas, las metió en una pequeña bolsa de piel y volvió con el grupo.
Guson volvió minutos después de que todos estuvieran untados, se cubrió de plantas y expuso su plan.
—Al oeste de la manada hay un grupo de cinco o seis renos separados del grupo por unos treinta metros de distancia, Guguson, Erson y Mison se colocarán entre el grupo y la manada, yo marcaré la presa, el resto que se disponga como siempre.
La distribución de los cazadores les llevó casi una hora pero al fin estaba todo dispuesto.
Guguson miró a sus compañeros y al unísono se levantaron gritando y haciendo aspavientos en dirección al grupo de renos aislados.
Durante unos breves instantes los renos estuvieron paralizados mirando al grupo de Guguson. Guson aprovechó para salir por el lado opuesto y arrojó su lanza contra un enorme macho que miraba hacia Guguson. El resto del grupo corrieron al instante asaetando al macho herido por Guson , los demás renos escaparon velozmente, ya tenían comida para unos días.
Ataron a la pieza en una rama cortada para transportarla y se pusieron en camino hacia su cueva.
Guguson y su grupo se retrasaron limpiando de sangre el lugar de la cacería y cuando se disponían a regresar con el grupo principal se cumplieron las previsiones de Brujson, un rayo fue a caer junto a un árbol que había cerca del grupo de Guguson. El árbol se partió y comenzó a arder, todo el grupo menos Guguson comenzaron a correr en dirección al grupo de Guson.
Guguson dejó caer su lanza y dio unos pasos hacia atrás, no podía dejar de mirar el fuego
—Que misterioso y terrible elemento es el fuego, ¿cuál es tu secreto?
Permaneció durante largo tiempo observando como el fuego devoraba el árbol, Afortunadamente Guguson se encontraba a favor del viento por lo cual el incendio ocasionado en la pradera estaba delante de él e iba en dirección al grupo de Guson por lo que de momento él estaba a salvo y aislado por el fuego del resto.
El fuego podía durar aún varias horas, además podría cambiar la dirección del viento y entonces… Se dirigió a coger su lanza y vio una rama ardiendo, la cogió con mucho cuidado.
—Tengo el fuego en mis manos, gran espíritu dame su secreto—y alzó la rama bruscamente implorando al cielo. Al hacerlo, vio como la llama se avivaba, volvió a mover la rama—.El aire aviva el fuego, el gran espíritu me está desvelando su secreto, el fuego se puede portar y se aviva con el aire.
Decidió probar que tipo de alimento gustaba más al fuego y descubrió que los troncos y hojas secas ardían más rápidamente que las hojas verdes, que los grandes troncos tardan más en prender, pero también más en consumirse y que las ascuas que dejan estos se pueden reavivar y formar un gran fuego.
Comprobó que las ascuas eran lo que más duraba y se le ocurrió que si pudiera transportarlas tendrían fuego siempre.
No podía cogerla con la mano pues quemaba, la metió en su bolsa de piel y la quemó. La puso sobre maderas y también se quemaron, eso si más despacio, así que de esta forma inició el regreso a casa.
Pasados unos kilómetros, el ascua había prendido el tronco, evidentemente, era una solución pero no era la solución que él esperaba, sabía que el tronco tardaría varias horas en consumirse y que luego de nuevo tendría ascuas.
—El gran espíritu me está dando su secreto, pero yo no lo escucho, cómo habla Brujson con él.
Se sentó de espaldas al tronco mirando la gran llanura, presentía que la solución estaba delante de él, miró con detenimiento y vio los huesos mondados de un reno.
—¡Qué suerte!, de ahí podré sacar algunas puntas de lanza, unos cuchillos, y un bonito cuenco de la carabela.
Se puso a pensar en la carabela, había visto animales abrasados, huesos negros por el fuego, pero huesos enteros, un hueso podría resistir un ascua, así lo hizo y así llevo el fuego a la cueva.
Gracias a Guguson el hombre pudo dominar el fuego y gracias a esto la vida del hombre mejoró notablemente.

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Manuel Lara, escritor apasionado de la historia. Es Diplomado en Mitología por la Universidad de Harvard en Edx, donde estudió con Gregory Nagy y la de Pensilvania en Coursera donde estudió con Peter Struck. También es diplomado en Historia por la Universidad Hebrea de Jerusalen donde estudio con el Dr Harari. Ha escrito libros de novela histórica como Las laderas del Parnés o La morada de Tántalo, ensayos como Camino de Maratón, La última década o Cuentos cavernícolas.